Nota sobre el autor

Me llamo Maurizio Vignati, nací en 1941 y me licencié en física por la Universidad “La Sapienza” de Roma.

A partir del segundo año de mis estudios universitarios empecé a tener dudas profundas con respecto a la teoría del Segundo Principio de la Termodinámica. La formulación de esta teoría me parecìa en profunda contradicción con el Método Científico de la Física Clásica, que presupone el cumplimiento de  varios criterios bàsicos cuando se analiza un problema de física.

Primero y màs importante: en Física se tienen en cuenta solamente los fenómenos que ocurren en la realidad. Por el contrario, el Segundo Principio de la Termodinámica se fundamenta en un axioma que presupone arbitrariamente la imposibilidad de la creaciòn por los seres humanos, de un determinado tipo de màquina térmica.

Un ejemplo representativo de este axioma fué expresado en 1903 por el gran científico Max Planck (1858-1947):

 “Es imposible construir una máquina tal que, funcionando en un ciclo, produzca otro efecto que la extracción de calor desde una reserva (de calor – ndr) y la producción de un valor equivalente de trabajo.

A esta primera contradicción se añade una segunda.

Me fué transmitido en mi formaciòn académica que es el procesamiento lógico-matemático de un axioma lo que permite deducir un Principio. Principio éste que debería representar el comportamiento de los fenómenos térmicos naturales: el conocido Principio de aumento de la Entropía.

Ésto me pareció una obvia paradoja, ya que el axioma se refiere a las capacidades tecnológicas del Ser humano y, por lo tanto, me pregunté cómo serìa posible que un axioma que prohíbe al Ser humano la construcción de una máquina térmica, pudiera convertirse en un Principio de la Naturaleza (algo que considero intemporal) y no apenas una limitaciòn de las capacidades humanas propias del tiempo en que fué creado.

Muchos años después, hacia 1975, cuando ya estaba trabajando como Físico Experto Capacitado en el campo de la seguridad contra las exposiciones a las radiaciones en una entidade estatal, volviendo a leer las viejas notas de Física Terrestre tuve una intuición prometedora para demostrar la erroneidad de este  axioma.

Esta idea se me ocurrió volviendo a leer el capítulo sobre la tensión de vapor saturado de las gotas de niebla.

Como es del dominio de la ciencia meteorològica: la tensión del vapor de una gota de agua no es constante, sino que depende, a igualdad de temperatura, del radio de curvatura de la gota.

Cuánto más pequeño es el radio de la gota, mayor es la tensión de vapor saturado de la misma.

Este fenómeno origina una inestabilidad  de las dimensiones de las diminutas gotas de agua que forman la niebla, lo que hace que las gotas tiendan a volverse cada vez más pequeñas y con una rapidez siempre creciente, proceso éste que culmina en la transformaciòn de las gotas de agua en vapor.

La lògica me invitò a pensar que deberìa ser verdadero también lo contrario.
Y fué consultando un famoso manual de Química-Física sobre este argumento, que entendì que este raciocinio era correcto:

Si el radio de curvatura, en vez que ser convexo (como en una gota) es cóncavo (como en un menisco), entonces la tensión de vapor saturado sobre la superficie còncava disminuye al disminuir el radio de la misma. Después explico en màs detalle, el modo que se me ocurriò para crear una superficie còncava de pequeno radio. 

Fué revisitando este concepto en la literatura que se me ocurriò otra idea: dado que la tensiòn de vapor en la superficie còncava del menisco es inferior a la de la atmosfera envolvente, esta superficie funciona como una bomba aspirante, capturado el vapor circundante, lo que tenderìa a aumentar el contenido de agua líquida situada debajo. Al contrario de lo que ocurre en una gota, este aumento de masa líquida ya no puede aumentar el radio cóncavo del menisco ya que la expansiòn del mismo està limitada por la presencia de los cilindros de vidrio, por lo que las moleculas de vapor de agua capturadas son drenadas por la fuerza de la gravedad hacia la base del recipiente.

Por lo tanto, mientras el menisco captura el vapor de agua que puede estar presente en el ambiente circundante, su radio de curvatura se mantiene constante.

Había encontrado una especie de trampa, que parecía poder capturar las moléculas de agua en fase de vapor en la atmosfera envolvente. Y lo que era màs importante: este fenòmeno ocurrìa con una ùnica temperatura ambiente.

Muy pronto solucioné el problema de la creación de una superficie de agua de forma cóncava de grandes dimensiones:

Si se aproximan dos cilindros de vidrio sumergidos parcialmente en un recipiente con agua, la tensión superficial que se genera, subciona hacia arriba el nivel del agua, a lo largo de la línea de contacto de los dos cilindros (conocoida en geometrìa como “la linea generadora del cilindro”. Como se puede ver en la figura.

Fig. 1 Cilindros de vidrio en contacto mutuo

Cuánto más pequeño es el diámetro de los cilindros, tanto más pequeño es el radio de curvatura cóncavo y tanto más sube el menisco.

Por tanto, para tener una gran superficie de agua en un radio pequeño de curvatura cóncava, me fué suficiente sumergir vertical y parcialmente en un recipeinte con agua un gran número de cilindros de vidrio en contacto recíproco. Para conseguir una gran tension negativa superficial, el diámetro de los cilindros deberìa ser el más pequeño que pudiera conseguir.

Después de esto deberìa crear un atmosfera hermetica de vapor de agua alredor del recipiente abierto con los cilindros. Para esto coloqué el recipiente con los cilindros de vidrio dentro de otro recipente mayor y hermético con agua en su base, de superficie plana. Los 2 recipientes comparten la misma atmòsfera y tienen la misma temperatura. , .
Es importante que la superficie del agua de este segundo recipiente sea plana pues esto permitirà que se cree un gradiente de tension de vapor entre dicha superficie (mayor) y la còncava de los meniscos (inferior).

Todo eso como se representa en la figura siguiente.

Fig. 2 Conjounto de fibras de vidrio

El funcionamiento que esperaba era el siguiente:

Al ser el vidrio higroscópico, los cilindros de vidrio habrían capturado, tarde o temprano, alguna pequeña cantidad de agua y, poco a poco, se habrían formado unos meniscos a lo largo de las distintas generadoras de los cilindros de vidrio en contacto recíproco.

Luego estos meniscos habrían empezado a capturar vapor de agua desde el volumen cerrado y el líquido en exceso se habría deslizado a lo largo de las generadoras, desplazándose hacia afuera del dewar y acumulándose en la base de los meniscos, a un nivel piezométrico superior y con dimensiones inferiores con respecto a las que se habían introducido inicialmente en el interior del volumen cerrado.

Después de transcurrido un tiempo, la cantidad de agua de superficie plana que está presente en el nivel piezométrico superior habría tenido que aumentar y, correspondientemente, disminuir al nivel piezométrico inferior.

Para los cilindros de vidrio se utilizarían fibras de vidrio de pequeño diámetro, recuperándolas de cables de fibra óptica utilizados en oftalmología, mientras que para el recipiente se utilizaría un frasco de vidrio de cierre hermético, del volumen de unos 300 ml.

Quedaba el problema de mantener todo el sistema a temperatura constante, pero no teniendo a disposición de un termostato, decidí intentar igualmente el experimento, encerrando todo en el interior de un armario lleno de libros.

No se trataba de un experimento científicamente significativo, pero no tenía otra posibilidad.

Por otra parte, las variaciones de temperatura que habría sufrido el dispositivo habrían ocurrido lentamente, y eso (también considerando las pequeñas dimensiones del recipiente), podía determinar razonablemente una situación muy parecida a la que puede obtenerse utilizando un termostato.

Después de muchos meses de espera, descubrí que el dispositivo se había comportado según mis previsiones: todo el líquido se había concentrado en el interior del dewar, ¡y el fondo del recipiente hermético de vidrio se había secado!

El agua había vencido sola la fuerza de gravedad, gracias solamente a la temperatura.

Fue en ese momento que mis dudas sobre el Segundo Principio de la Termodinámica se demostraron fundadas, aunque seguramente no podía pretender que mi experimento fuera tomado en cuenta por otros físicos.

De hecho, la temperatura no había quedado constante, pero desde mi punto de vista el resultado que había obtenido me impulsaba a continuar buscando otras formas más significativas para demostrar lo equivocado de ese Principio.

Pasaron muchos años sin que sucediera algo significativo, pero durante los estudios de Física había tenido otra duda o, para decirlo mejor, otra intuición relativa al teorema de Carnot: no estaba convencido de que el rendimiento del ciclo de Carnot pudiera tener el mismo valor cuando el gas ejecuta el ciclo de Carnot cerca de la temperatura crítica, y estaba buscando en las bibliotecas de Roma documentación sobre gases reales, para proceder a este tipo de averiguación.

Un día, hacia finales de la década de los ochenta, tuve suerte: encontré una publicación sobre las propiedades termodinámicas del Argón – un gas raro usado a menudo en experimentos e instrumentaciones científicas.

El título era:

Thermodynamic Properties of Argon From the Triple Point to 300 K at Pressures to 1000 Atmospheres (Propiedades termodinámicas del Argón desde el punto triple a 300 ºK a  presiones de hasta 1000 atmósferas)” – NSRDS –NBS-27.

Se trataba de una publicación de nivel excepcional para la época (año 1969), ya que no sólo indicaba las propiedades termodinámicas del Argón en forma de tablas, sino que los autores habían logrado obtener una ecuación de estado de tipo algébrico para ese gas que representaba, de forma muy precisa, sus propiedades termodinámicas reales, incluso cerca del Punto Crítico, un aspecto que era muy importante para los fines que estaba persiguiendo.

Los autores además habían logrado obtener ecuaciones algébricas incluso para las funciones derivadas, como la Energía Interna, la Entropías, etcétera.

Utilizando esa documentación completa, logré escribir unos programas computarizados (escritos en el lenguaje GW-BASIC) con los cuales podía calcular cómo variaba el rendimiento de ciclos termodinámicos ideales, como el ciclo de Carnot, el ciclo de Stirling y el ciclo de Ericsson, al variar de su posición en el plano Presión-Volumen.

Fig. 3 Ciclo de Carnot

Fig. 4 Ciclo de Stirling

Fig. 5 Ciclo de Ericsson

Los programas calculaban el rendimiento de los ciclos por vía numérica, en base al Primer Principio de la Termodinámica, y lo comparaban con el rendimiento teórico establecido por el Segundo Principio de la Termodinámica.

Para los ciclos ideales de Stirling y de Ericsson, fue necesario teorizar el uso de recuperadores perfectos de calor, y por lo tanto tuve que predisponer unos teoremas específicos.

Reuní los resultados después de varios años, hacia 1985-86, y éstos fueron muy sorprendentes.

Por lo que se refiere al ciclo de Carnot, los cálculos confirmaron la constancia del rendimiento ideal, a paridad de las temperaturas de funcionamiento, en cualquier lugar en que se encontrara ese ciclo, según lo que se preveía en la teoría actual, incluso cerca de la temperatura crítica (contrariamente a mi intuición).

Fig. 6 Rendimiento del ciclo de Carnot

También para el ciclo de Stirling, con recuperador perfecto de calor, hubo esta confirmación.

Fig. 7 Rendimiento del ciclo de Stirling

En cambio constituía una excepción el ciclo de Ericsson, con recuperador perfecto de calor: cuando este ciclo se realizaba a presiones bajas y a temperaturas decididamente superiores a la Temperatura Crítica, el rendimiento calculado numéricamente se quedaba dentro de los valores previstos por la teoría corriente del Segundo Principio de la Termodinámica.

Cuando, en cambio, el ciclo se realizaba a presiones cercanas a las del punto crítico, y a temperaturas ligeramente mayores que la Temperatura Crítica, la evolución del rendimiento del ciclo de Ericsson se diferenciaba considerablemente con respecto a los valores teóricos, alcanzando, en algunos casos, valores aproximadamente dobles con respecto a los valores previstos.

Fig. 8 Rendmiento del ciclo de Ericsson

Busqué inútilmente los errores, tanto en los programas computarizados como en los teoremas. No hubo nada que hacer: ésos eran los resultados y, cosa muy importante, se basaban no en un teorema (el teorema de Carnot), sino en el Primer Principio de la Termodinámica, y no eran relativos a un gas imaginario, como el gas perfecto tomado en consideración por la teoría, sino a un gas real.

Además, cosa que para mí tenía una importancia extrema, ¡el ciclo de Ericsson que presentaba el máximo rendimiento era reversible!

Por lo tanto, si existía un ciclo reversible de Ericsson con rendimiento mayor que el del ciclo de Carnot, entonces se volvía posible lo que prohibía el teorema de Carnot: se podía imaginar la construcción de una combinación de estos dos ciclos, uno contrapuesto al otro, para formar una máquina que pudiera explotar completamente el calor, transformándolo en trabajo mecánico, la que puede definirse una Máquina Termodinámica Perfecta (MTP), prohibida por el axioma fundamental de la termodinámica.

Sin embargo, ulteriores cálculos computarizados me hicieron descubrir una realidad aún más preocupante: existía un par de ciclos de Ericsson adyacentes que, después de contraponerse oportunamente, podían constituir la antedicha Máquina Termodinámica Perfecta.

Eso era muy distinto de la construcción ideal mencionada anteriormente, formada por un ciclo de Carnot y un ciclo de Ericsson. De hecho el ciclo de Carnot es un ciclo ideal (es decir imaginario), mientras que los antedichos dos ciclos de Ericsson son realizables.

Así se volvía claro (por lo menos para mí) que la construcción ideal del teorema de Carnot, que se basa en dos máquinas térmicas que funcionan en oposición recíproca y prohíbe el funcionamiento conjunto para formar una Máquina Termodinámica Perfecta, en vez de resultar imposible, es la única que puede garantizar la implementación de una máquina térmica compleja que pueda explotar completamente el calor absorbido, transformándolo en trabajo útil.

Por lo tanto, no había encontrado solamente un dispositivo que hacía caer el Segundo Principio de la Termodinámica, sino que había descubierto un método para convertir todo el calor en trabajo útil, que prevé la contraposición de dos sistemas termodinámicos con rendimiento distinto entre dos temperaturas de funcionamiento: lo que prohíbe el teorema de Carnot.

Fue entonces que decidí presentar en Italia una solicitud de patente con el título “Método de conversión de la energía térmica en trabajo y convertidor que resulta del mismo”.

La solicitud de patente que presenté el 26 de enero de 1987 lleva el número 4756687.

Contrariamente a mi expectativa pesimista, el certificado de patente me fue concedido el 14 de abril de 1989, y lleva el número 1206242.

Mientras tanto, ocurrieron dos acontecimientos científicos relativos al problema energético, que desde mi punto de vista eran importantes.

El primer evento ocurrió hacia finales del mes de septiembre de 1988. La Agencia “New China” difundía una noticia inquietante (para la física): un científico Chino había inventado, construido y puesto en funcionamiento una máquina que podía “generar una pequeña corriente eléctrica explotando solamente la temperatura ambiente”.

Fig. 9 Portada de la publicacion de Xu Yelin y articulo del periódico “Il Mesaggero”

Esta noticia fue difundida el 7 de octubre de 1988 por el periódico italiano Il Messaggero, aunque publicado en la página 11, junto a otros acontecimientos de escasa importancia.

Con mucha suerte, logré obtener una copia de la publicación del científico chino: el doctor Xu Yelin.

Su trabajo consistía, en la práctica, en la Máquina Termodinámica Perfecta prohibida por el Segundo Principio de la Termodinámica: una máquina de movimiento perpetuo de Segunda Especie.

Fig. 10 Esquema del diodo non-bias de Xu Yelin

Este evento contrastaba netamente con un anuncio publicado en el número de enero de 1988 de la Revista Científica Italiana "Sapere".

 En este número, la Revista había publicado en la página 4 un Anuncio titulado "Movimientos perpetuos y asimilados".

¡En el preámbulo del Anuncio, se informaba que la Revista recibe frecuentemente proyectos y teorías relativos a varios inventos o técnicas, con objeto especialmente (¡notar!) Máquinas de Movimiento Perpetuo!

A los autores de todos estos pedidos de publicación, presentes y futuros, la Revista responde publicando y haciendo suya la resolución adoptada en 1775 (mil setecientos setenta y cinco) por la Academia Real de las Ciencias de París. Como es fácil encontrar este texto en la red, cito sólo la primera proposición:

 “La Academia ha aprobado este año la resolución de no examinar ninguna solución de problemas sobre los argumentos siguientes: la duplicación del cubo, la trisección del ángulo, la cuadratura del círculo o cualquier máquina para demostrar el movimiento perpetuo

Después de estos eventos, decidí confrontarme con uno de los profesores de física que muchos consideraban uno de los máximos expertos acerca del Segundo Principio de la Termodinámica, y con quien tenía confianza porque había sido el curador de mi tesis de grado en física.

Sometí a la atención de este profesor tanto una copia de la publicación de Xu Yelin, como los resultados de mis cálculos basados sobre la publicación NBS-27.

Cuando volví a verlo, lo encontré en discordancia con ambos documentos que le había enviado. Sobre la publicación de Yelin ni siquiera quiso discutirla, sosteniendo (sin aportar ninguna justificación) que ese estudio no podía representar un experimentum crucis para el Segundo Principio de la Termodinámica.

También por lo que se refería a mis cálculos numéricos se mostró en discordancia, aunque justificara el rechazo con una serie de argumentaciones extremadamente genéricas, que finalmente me dejaron completamente insatisfecho.

Me convencí de que hacía falta exponer a otros estudiosos lo que había descubierto, publicando un libro.

En una de las memorias más importantes de Clausius, publicada en 1854, noté un error de tipo lógico relativo a la demostración de su famoso y homónimo Integral.

Necesité unos tres años para resumir mis argumentaciones de forma que pudieran presentarse decentemente como libro.

Después de eso empecé a enviar el texto redactado en Italiano a editores nacionales cualificados en campo científico.

Recibí sólo respuestas negativas, acompañadas por informes redactados por expertos anónimos, que justificaban el rechazo con motivaciones ridículas.

Eran los Revisores, quienes, por encargo del Editor, ejercían en mi libro el procedimiento de la llamada "Revisión Paritaria".  Así aprendí que si un texto científico no supera este procedimiento, no sólo no es publicado por los editores científicos cualificados, sino que, aunque fuera publicado por otros editores, no sería tenido en cuenta por ningún científico.

Era el año 1993 y fue en ese momento que decidí “forzar los tiempos”.

Fundé una Editorial y publiqué el libro en italiano con el título “Riflessioni sulla Potenza Motrice del Calore Ambientale – e sulle macchine idonee a sviluppare questa potenza (Reflexiones sobre la Potencia Motriz del Calor Ambiental – y sobre las máquinas idóneas a desarrollar esta potencia)”. El título era voluntariamente una provocación, ya que recordaba el famoso título del libro publicado en 1824 por Léonard Sadi Carnot.

La primera cosa que hice fue enviar gratuitamente un ejemplar a todas las bibliotecas universitarias de Italia.

Cuando después de algunos años fui obligado a cerrar la actividad de la Editorial, se habían distribuido (entre vendidos y/o donados) unos 300 ejemplares del libro.

Mientras tanto, me dediqué a la promoción de mis ideas y consiguientemente fui invitado a exponer mis tesis sobre el Segundo Principio de la Termodinámica en congresos de tipo divulgativo, donde, sin embargo, participaban y asistían también científicos y profesores, quienes no se atrevieron a tomar cualquier posición sobre lo que exponía.

En el año 2000 ocurrió otro evento científico relativo a la cuestión que tratamos: una revista científica “en línea” publicó una segunda memoria de Yelin, donde se describía otro diodo que podía realizar una función análoga a la del diodo realizado en 1988, porque convertía la energía térmica ambiental directamente en energía eléctrica.

Sin embargo, mientras que el dispositivo construido en 1988 era un diodo de vacío neumático, el que se diseñó en el año 2000 era un diodo de estado sólido construido según la tecnología de los circuitos integrados.

Fig. 11 Equema del diodo de estado sólido de Xu Yelin

Fui informado de ese evento hacia los años 2003-2004. Esta segunda memoria de Yelin se ha escrito sólo en chino, pero posiblemente ha sido descubierta en los Países Occidentales porque presenta un resumen en lengua inglesa, escrito para hacer intuir el carácter revolucionario de ese trabajo.

The Experiment and Analysis on Nonbias Diode

Xu Yelin

(Institute of Biophysics , Chinese Academy of Sciences , Beijing100101)

Abstract  A nonbias diode is such a diode that can perform single direction conductivity without any bias current or voltage. Because of the thermal motion of the conductive electrons in a conductor and semiconductor, when both ends of the nonbias diode are connected with a wire, a continuous and steady direct current which can drive load will flow through the wire. It has now reached performances of 100 mV and 0.1 μA. The voltage has already reached its peak whereas the current still has a great potentiality to be increased. The nonbias diode therefore has a wide application prospect. This paper introduces the manufacturing method, the measurement results of the performances, the analysis on the working principle and the analysis on the energy of the nonbias diode. The energy of nonbias diode is a result of an effective application of the natural cycle.”

Sucesivamente, gracias a otra información, encontré las diez demandas de patente sobre este nuevo tipo de dispositivo, presentadas en distintos Países por la Academia de las Ciencias de China.

Incluso mucho tiempo después del cierre de mi Editorial, continué mi obra de divulgación y, entre otras cosas, resumí los contenidos fundamentales de mi estudio sobre el Segundo Principio de la Termodinámica en la ponencia: “Controversias sobre Termodinámica y Vida”, que expuse en la introducción al congreso que se llevó a cabo el 15 de diciembre de 2008 en la Universidad Roma-Tre.

Vincenzo Valenzi, el organizador del Congreso, también se hizo promotor de la publicación de mi ponencia (traducida al Inglés) en la página web de CIFA-ICEF (Comite International de Recerche et d'Etude de Facteurs de l'Ambiance).

Por lo tanto, mi ponencia mencionada se encuentra en la página web ww.cifafondation.org bajo el botón CIFA News (número 44, enero-junio de 2011) con el título: “Reflections on the Second Principle of Thermodynamics (Reflexiones sobre el Segundo Principio de la Termodinámica)”.

Con ocasión de ese congreso, distribuí gratuitamente a todos los científicos que se encontraban en la sala un Compact Disk que contenía la ponencia de introducción y otros archivos de soporte.

Así esperaba despertar algún tipo de reacción, y que se pudieran crear las condiciones para instaurar una discusión sobre el tema, pero no ocurrió nada de eso.

El único de los participantes que tuvo alguna iniciativa ya se había expresado negativamente sobre mi planteo y sucesivamente continuó manteniendo su posición.

El resultado de todo ese esfuerzo fue la nada: nadie creía que mis cálculos numéricos fueran correctos, pero sobre todo (y mucho más grave), nadie parecía tomar en serio la noticia de que Yelin había logrado idear y construir dos dispositivos que podían refutar el axioma fundamental del Segundo Principio de la Termodinámica.

Esta experiencia negativa, sin embargo tuvo por lo menos dos efectos positivos.

El primero fue que comprendí que el control de mis cálculos numéricos era muy pesado de realizar: quién hubiera querido hacerlo, habría tenido que examinar críticamente demasiados conceptos.

En primer lugar, habría tenido que examinar los teoremas desarrollados por mí específicamente con relación al ciclo ideal de Carnot, y a los ciclos de Stirling y Ericsson, con un recuperador perfecto de calor.

Además habría tenido que examinar críticamente los programas para ordenador escritos por mí en el lenguaje simbólico GW-BASIC, con la finalidad de calcular el rendimiento de los antedichos ciclos termodinámicos ideales.

Desde el punto de vista de físicos y científicos, todo ese esfuerzo no parecía justificado. Cada uno de ellos habría tenido que realizar estos controles por sí solo, ya que el libro no había sido sometido al proceso de Revisión Paritaria actualmente en uso.

Por otra parte, estos físicos y científicos tenían buenas razones para considerar que en alguna parte, en mis razonamientos y en los cálculos, tenía que haber algún error, porque los mismos tenían de su parte la teoría termodinámica desarrollada por Kelvin y Clausius en la segunda mitad del siglo XIX.

Es verdad que en mi libro se señalizaba la existencia de un error de lógica en la memoria de Clausius de 1854, pero en la época de la publicación (1993) no tuve la valentía de forzar la mano sobre este aspecto que, por lo tanto, quedó expuesto de forma casi secundaria e ininfluyente.

El segundo aspecto positivo fue que comprendí que el escepticismo con que habían sido ignorados los dos trabajos fundamentales de Yelin se debía a la misma razón indicada antes: los científicos tenían de su parte la teoría termodinámica del calor desarrollada por Clausius en 1854.

En el mes de marzo de 2013 se presentó un nuevo importante evento científico para la cuestión en objeto: la revista Nexus New Times (edición Italiana), divulgó otra asombrosa noticia relativa al Segundo Principio de la Termodinámica (en la edición Internacional de Nexus New Times el mes de divulgación es distinto).

La columna “SCIENCE NEWS”, a cargo de la Dirección de aquel número 102 de la Revista Italiana, tenía como título: “Quenco: un convertidor de energía cuántica”. En las páginas 49 y 50 se encontraba el comunicado de prensa difundido por los inventores, para anunciar el inminente lanzamiento comercial de un convertidor de energía térmica bautizado “Quenco”.

El anuncio incluía el resumen extraído de la demanda de patente presentada en línea el 16 de octubre de 2012. El nombre QUENCO asignado a los inventores a este dispositivo es el acrónimo de "Quantum Energy Convertor”.

La nota publicada por Nexus New Times indicaba las fuentes de la noticia; se trataba de la página web KeelyNet.com, 26 de octubre de 2012; homepage de Quenco, 24 de octubre de 2012: 

http://www.quentron.com.

Los contenidos de esa página web (actualmente han desaparecido de la red), daban alguna información acerca del principio de funcionamiento de este dispositivo.

Según el Comunicado de prensa, el Quenco funcionaría gracias al fenómeno físico del salto cuántico de electrones a través de una barrera eléctricamente aislante interpuesta entre dos metales (el llamado "efecto túnel"), siempre que esta barrera tenga un espesor muy pequeño, del tamaño de 1 nm (un nanómetro).

Fig. 11 Equema del dispositivo Quenco

En el Comunicado de prensa se hacía notar que a la temperatura ambiente, equivalente a 20 °C o 293 K (293 grados Kelvin), se encuentran electrones libres, o casi libres, que, gracias a la agitación térmica eterna de las moléculas (ver: Movimientos Brownianos), tienen energías cinéticas equivalentes a temperaturas incluso de 600 K (600 grados Kelvin, equivalentes a unos 327 °C).

Sin embargo, se sabe que estos valores dependen de la naturaleza de la capa superficial del metal. Por lo tanto, si en un lado de la barrera, que se convertirá en el ánodo, se pone un metal con trabajo de extracción bajo, y en el lado opuesto, que se convertirá en el cátodo, se pone un metal con trabajo de extracción alto, a paridad de temperatura habrá muchos más electrones que saltarán desde el ánodo al cátodo.

Sin ninguna duda, incluso el dispositivo Quenco, basado en una barrera eléctricamente aislante muy fina interpuesta entre dos conductores de distinta composición, está constituido, en su estructura general, por dos sistemas termodinámicos contrapuestos (es decir que trabajan en contraposición), donde uno prevalece sobre el otro.

Análogamente a los dos sistemas ideados por Yelin, también el Quenco está constituido, en líneas generales, por la contraposición de dos sistemas termodinámicos con propiedades distintas o, usando términos no rigurosos, con un "rendimiento" distinto de emisión electrónica.

Que sea justamente éste el aspecto general del dispositivo puede probarse considerando que los dos electrodos fueran constituidos por el mismo metal, o si el dispositivo fuera tal de poner idénticos los dos flujos de electrones contrapuestos ya no sería posible identificar ningún principio de funcionamiento.

Parece evidente que también este dispositivo no incluya ninguna fuente de calor. Si funcionara según las intenciones de los inventores, tendrían que encontrarse dos fuentes de calor con temperaturas distintas entre sí. La primera tendría que corresponder al ambiente, con su temperatura variable; la segunda, menos caliente, aparecería espontáneamente y consistiría en una zona interna del dispositivo.

Por lo que se refiere al flujo de calor que resulta necesario para generar la energía disipada en el resistor de carga, el mismo sería producido por esta diferencia de temperatura y, por lo tanto, procedería del ambiente y sería dirigido hacia la antedicha zona interna menos caliente. Por lo tanto, de hecho, sólo la fuente constituida por el ambiente generaría el equivalente (en términos de calor) de la energía disipada en el resistor de carga.

La estructura que se ha descrito estaría en condiciones de favorecer el salto cuántico en una dirección con respecto a la dirección contraria. De esta forma, el electrodo hacia el cual tendría que converger la mayoría de los electrones adquiriría una carga eléctrica negativa, que tendería a ralentizar la llegada de ulteriores electrones.

Por lo tanto estos electrones, “...pierden velocidad (se vuelven más fríos), pero ganan energía potencial (energía eléctrica potencia). Por lo tanto Quenco es una realización perfecta del Diablillo de Maxwell y, por lo tanto, según el pensamiento actual, infringe la Segunda Ley de la Termodinámica aunque, en la realidad, el mismo podría probar solamente que las interpretaciones de Kelvin-CLAUSIUS estaban equivocadas” (copiado del comunicado de prensa).

Según la nota publicada en la página web el 3 de noviembre de 2013 por Quenco (Quantum Energy Convertor) - Home, se esperaba inmediatamente una producción de corriente eléctrica de aproximadamente 1 Amperio por centímetro cuadrado, a la temperatura ambiente. Sin embargo, a través del uso de metales con un trabajo de extracción más bajo, se preveía alcanzar el nivel extraordinario de 10000 A/cm2.

Si se alcanzaran estos valores, conectando en serie un número suficiente de estos dispositivos, para alcanzar un voltaje suficientemente elevado, se podría alimentar el motor de una embarcación.

De esta forma se podría realizar lo que Kelvin consideraba imposible en la Nota contenida en la página 13 de su memoria de 1851:

 “Si este “axioma” no fuera válido para todas las temperaturas, se tendría que admitir que una máquina autónoma podría ponerse en función y producir efecto mecánico a través del enfriamiento del mar o de la tierra, sin ningún límite salvo el de la salida completa de calor de la tierra o del mar o, en realidad, de todo el mundo material”.

En la Página 49 de aquel número del mes de marzo de 2013 de la revista Nexus New Times (edición Italiana) ya mencionado, se encontraba la noticia de un experimento, increíblemente sencillo, que puede hacer todo el mundo para demostrar la violación del axioma de Kelvin relativo al Segundo Principio de la Termodinámica.

Según la noticia adjudicada a Philip Hardcastle, que data del 22 de octubre de 2012, se trataría de agarrar una válvula termoiónica (en este caso, el pentodo Philips E180F), y conectar con un hilo conductor el ánodo y la rejilla número 3 (rejilla de supresión), para constituir el primer electrodo. El otro electrodo está constituido por el cátodo. Todos los otros electrodos salientes del tubo en vacío, según Hardcastle, pueden ser cortados.

La fuente periodística afirma que, poniendo el pentodo en un horno, en las extremidades de los dos electrodos no conectados a ninguna carga resistiva aparece una tensión eléctrica, que a la temperatura de 500-550ºC puede alcanzar el valor de unos 850 mV.

En cambio, conectando los dos electrodos a una carga, la corriente eléctrica alcanza pocos pA (pico Amperios) debajo de los 400ºC, mientras que puede subir a valores de algunos μA (micro Amperios), hacia los 500ºC.

Me parece que puede entenderse que este sistema funciona como un diodo non-bias de Yelin, de su primera concepción. De hecho, el pentodo se encuentra bajo vacío neumático; el ánodo y la tercera rejilla están constituidos por metales con un bajo coeficiente de emisión, mientras que el cátodo tiene una capa superficial con un alto coeficiente de emisión, y/o un bajo trabajo de extracción electrónico.

Además, como el pentodo está contenido en el horno, todas sus partes asumen la temperatura del horno mismo y por lo tanto no pueden crearse diferencias internas de tensión entre metales.

La semejanza con el dispositivo de Yelin parece evidente también en el funcionamiento: El cátodo, gracias a los elementos de bajo trabajo de extracción con que está constituido, emite mucho más electrones por efecto termoiónico con respecto al ánodo y a la tercera rejilla; por lo tanto el cátodo se vuelve positivo y el ánodo negativo.

Los electrones ulteriores disparados por el cátodo hacia el ánodo tienen que vencer el campo eléctrico contrario que se forma espontáneamente al comienzo, que tiende a ralentizarlos (lo que equivale a su refrigeración), exactamente como en los diodos de Yelin y en el convertidor Quenco.

Si ánodo y cátodo tuvieran las mismas propiedades de emisión y recepción de electrones, el experimento de Hardcastle no podría funcionar.

Estas dos noticias para mí eran mucho más importantes que lo que lo fueron las relativas a los dos dispositivos de Yelin.

El experimento de Hardcastle parece ser más importante y significativo, en lo que se refiere a la violación del axioma del Segundo Principio de la Termodinámica, que los dos de Yelin, ya que no se necesita construir nada, sino simplemente comprar un tubo termoiónico, que está disponible a un precio muy bajo en el mercado.

También el experimento relativo al dispositivo Quenco parece ser mucho más importante que los dos realizados por Yelin.

De hecho, el diodo non-bias en vacío neumático realizado por Yelin en 1988 puede producir una corriente eléctrica muy pequeña, el aparato de estado sólido que ha realizado en el año 2000 es bastante complicado y difícil de construir, mientras que el dispositivo Quenco está constituido por una sencilla barrera eléctricamente aislante interpuesta entre dos conductores de corriente eléctrica.

Estas noticias, que en mi opinión habrían tenido que salir en las primeras páginas de todos los periódicos y constituir la apertura de todos los noticieros televisivos, fueron, al contrario, completamente ignoradas.

Por lo tanto, en 2013 decidí volver a intervenir sobre el tema, escribiendo y publicando un segundo libro, el presente libro.

Ya había identificado los errores que había cometido en la redacción del primer libro y podía evitarlos.

El otro error por mi parte era haber tratado escasamente el error de lógica cometido por Clausius en su memoria de 1854.

Además había comprendido que, para conseguir el resultado que estaba persiguiendo, era necesario demoler la teoría termodinámica desarrollada por Clausius, la cual  hacía inverosímil, a los ojos de los científicos, cualquier máquina que podía violar el axioma puesto en la base de la teoría misma.

Quedaba sólo una última dificultad para superar, la cual estaba constituida por el hecho de que los científicos no leen, o no toman en consideración, aunque lo lean, un libro que no ha sido sometido al proceso de Revisión Paritaria que se utiliza actualmente.

Dejé de lado  el problema de la Revisión Paritaria, ya que sabía por experiencia que nunca la habría conseguido.

Decidí empezar la redacción del nuevo libro siguiendo tres criterios: el primero era que tenía que ser un libro electrónico, el segundo era que debía poner en máxima evidencia el antedicho error de lógica de Clausius, el tercero era que el libro pudiera ser leído por todo el mundo, incluso por quienes no tienen conocimientos de termodinámica e incluso conocimientos escasos de matemática.

En fin, tenía que ser un libro electrónico en que el lector no tuviera la necesidad de seguir cálculos matemáticos con relación a un problema de física.

También la combinación favorable de dos circunstancias afianzó mi idea de publicar un libro electrónico. La primera es que la memoria de Clausius de 1854 había sido escaneada y publicada en la red; la segunda es que un libro electrónico permite la interactividad con la red.

Juntando estas dos circunstancias, mi señalización del error de lógica que había descubierto en la mencionada memoria de Clausius se volvía muy convincente.

Los que no la hubieran creído, habría podido acceder inmediatamente a la memoria de Clausius, sencillamente haciendo clic en el enlace relativo a la página web que contiene la memoria escaneada.

Fue así que empecé a aventurarme en el difícil trabajo de escribir un libro electrónico con la finalidad de desmantelar la teoría dinámica del calor actualmente vigente.

Durante este trabajo, descubrí, para mi sorpresa, que también todos los otros trabajos o memorias de Clausius y de los demás Padres Fundadores de la teoría dinámica del calor, habían sido escaneados y publicados en la red, y también en estos trabajos pude identificar errores de lógica en todos los teoremas demostrados por los Padres Fundadores.

Estos errores aparecen siempre antes de que en los teoremas mismos hubiera la oportunidad de invocar el axioma fundamental que se ha puesto como base de la teoría dinámica del calor.

¡Había conseguido mi objetivo! : Se desmentía el criterio  común de que la teoría dinámica del calor se habría derrumbado solamente cuando se hubiera demostrado lo equivocado del axioma fundamental, es decir, si alguien hubiera construido una máquina que pudiera convertir completamente el calor en energía mecánica.

Además, todos los experimentos mencionados anteriormente, como los dos debidos a Yelin, el de los inventores del dispositivo Quenco y, finalmente, el que realizó Hardcastle, demostraban justamente lo equivocado del axioma fundamental.

Por lo tanto, decidí repetir el experimento de Hardcastle de acuerdo a modalidades más significativas, obteniendo resultados positivos superiores a mis expectativas.

Fig. 13 Voltaje eléctrico desarrollado por tubos termiónicos

Después de más de cinco años de trabajo, he logrado demostrar que la teoría termodinámica no se sostiene, independientemente de la verdad del axioma, ya que desde sus inicios está afectada por errores de Lógica.

También he logrado demostrar que el axioma mismo está equivocado, repitiendo el experimento de Hardcastle de forma más significativa con respecto lo que había realizado él mismo.

No pudiendo publicar el libro a través de un Editor Cualificado, a causa del bloqueo determinado por el Proceso de Revisión Paritaria, no tuve otra elección que la de auto-publicar, a través de Amazon, el presente libro electrónico. De hecho  un libro en papel habría sido muy voluminoso y demasiado costoso.

Ésta es la explicación de cómo y por qué ha nacido el presente libro electrónico.